Vivir en una casa inteligente no significa interactuar con más tecnología. Significa vivir con menos fricción.
Cuando las escenas están bien diseñadas, la luz se regula sola, la temperatura acompaña el momento, el espacio responde a cómo lo usas y la casa se anticipa a ti.
Las escenas te ayudan a entender cómo la tecnología puede mejorar tu vida cotidiana sin complicarla. Tú eliges el momento, tu casa hace el resto.
La tecnología desaparece y lo que queda es bienestar.